Esta acuarela muestra la figura parcial de un ciervo, centrando la atención en su cabeza y una de sus majestuosas astas. La obra destaca por su estilo suelto y expresivo: las pinceladas suaves y los matices de grises, violetas y rojizos transmiten una sensación de quietud y elegancia natural.
El fondo blanco, sin distracciones, resalta la textura del pelaje y el dramatismo del asta, que se eleva con fuerza y sutileza a la vez. Hay una mirada serena, casi melancólica, que invita a la contemplación

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